Antología de un Sinsentido

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

11 de noviembre 2011

En unas declaraciones publicadas en Invertia hace unas semanas, el astuto Ángel Ron, presidente del Grupo Popular manifestaba: “utilizar recursos para recapitalizar la banca sin apoyar los bonos soberanos es un sin sentido.” Unos días después, el aún más astuto Emilio Botín, presidente del Banco Santander, manifestaba similares declaraciones que ofrecían apoyo y peso a lo que el señor Ron había manifestado.

Lo que Ángel Ron no nos explicaba exactamente ni tampoco Botín, es el porqué es un sin sentido recapitalizar la banca sin apoyar los bonos de la deuda periférica. Como para comprenderlo tiene que ser explicado, aquí ofrezco mi candil con la esperanza de alumbrar un poco las oscuras alcantarillas cuya raíz es el punto de partida de la enfermedad que ahora sufre Europa en particular, y occidente en general.

Para intentar ser lo más breve posible, solamente enumeraré algunas de las causas que en particular ilustren el laberinto del ovillo en que se encuentran bancos y gobiernos. Como decía en el artículo de la semana pasada, los gobiernos están en bancarrota por culpa de los bancos y los bancos por culpa de los gobiernos. Paso ahora a hacer un rápido repaso de lo que sabemos fueron las causas de esta pesadilla surrealista que aferradamente rechaza escuchar las campanillas del despertador de la madrugada. A los años de las vacas gordas, cuando los bancos prestaban sin recato para hacer realidad los sueños imposibles de incontable ciudadanía y la vanidad descomunal de muchos empresarios, siguieron los de la inevitable sequia donde las hojas financieras dejaban de desbordar verdes abundancias. De repente, las abundancias verdes, de forma inexorable, se convertían en vertiginosos remolinos rojos y las ilusiones imposibles y vanidosas se desmoronaban al igual que lo hacían los bancos.

Después de derrumbarse los castillos en el aire, los esqueletos sacaban a relucir la grandeza del desorden y la monumentalidad del exceso. Sorprendiéndose todos los responsables, desde la presidencia de los gobiernos hasta el último monigote, de la devastación económica y el riesgo sistémico. Dándose cuenta que la banca se venía abajo y que sin la banca no funciona el sistema porque el dinero es la sangre de la economía y la banca el corazón que lo bombea, los endeudados gobiernos se endeudaron aún más para salvar la banca, la economía, el sistema y sus propios pellejos.

Como la deuda excesiva eleva el riesgo de las posibilidades de impago, de la misma manera que ha sido probado con la deuda excesiva de la inmobiliaria, las subastas de refinanciación de deuda soberana comenzaban a reflejar las nuevas circunstancias y los prestamistas exigían mayores intereses. Para evitar la subida de los intereses de la refinanciación soberana porque encarecen el servicio de dicha deuda y aumentan el desbalance fiscal, los gobiernos sugirieron o apretaron las tuercas de los banqueros para que estos utilizaran los dineros de salvación recibidos de los gobiernos para rescatar al fisco de la nueva carestía del mantenimiento y servicio de la deuda. Además, posiblemente argumentarían que la Unión Europea lo cubriría todo en caso de que las cosas vinieran mal dadas.

En teoría, después de la gambeta de la ayuda mutua, todo parecía estar bien; tú me echas un cable a mí y yo te echo otro a ti –es como teorizar que dos cojos juntos, sin ayuda de piernas biónicas, corren tanto como uno que tiene dichas extremidades en buen estado. Sin embargo, a ambos les salieron los tiros por la culata puesto que la deuda soberana que los bancos compraron (a regañadientes o no) con el dinero del cielo de los gobiernos, rendía entre aproximadamente un 3% y un 4,25%. Por un tiempo funcionó de maravilla tanto para bancos como para gobiernos -el paso del tiempo quebrantaría la felicidad de ambos.

Dadas las circunstancias de la crisis y las nuevas exigencias de los bancos para prestar dinero tanto al público como a las empresas y que las pérdidas seguían acumulándose en las hojas financieras de la banca, con el permiso de los bancos centrales para mantener las pérdidas fuera de la hoja de balance para engañar a la insolvencia y aparentar buenas apariencias y con el dinero caído de la gloria de los gobiernos que los bancos monetizaban por múltiplos permitidos por los bancos centrales, compraban bonos periféricos que rendían los intereses expuestos arriba y pagaban el préstamo original del gobierno al 1% que entonces estaba establecido por el BCE.

Con las multiplicaciones artificiales y el diferencial de los intereses pagados contra los cobrados, la banca (excepto la que estaba totalmente ahogada) florecía en un segundo renacimiento. Incrementaba las provisiones requeridas por los bancos centrales y mostraba beneficios en la hoja de balance ficticia. Por H y por B las agencias de calificación crediticia dejaban de acosar a la banca y comenzaban a acosar a las soberanías. Dicho acoso aumentaba más y más los intereses en las subastas de refinanciaciones soberanas. De esta manera, al subir los intereses de las deudas soberanas, puesto que al contrario de las acciones de bolsa el subir de los bonos significa pérdidas, los bancos que están cargados de bonos pierden hasta la rabadilla. Por ejemplo, si un banco compró deuda española o italiana a diez años con intereses del 4% y dicha deuda ha subido y se negocia en el mercado al 6%, significa que el banco está perdiendo un 50% de tal inversión –en el mercado secundario, que suele ser mejor baremo de cálculo de precios y suele cotizarse aún más alta, el banco perdería aún más.

Siendo así en estos dos mercados, podéis imaginaros come es con la deuda irlandesa, portuguesa y sobretodo griega. Es cierto que mientras los bancos no vendan la deuda no materializan pérdidas, pero como la ley indica que hay que marcar los libros y las hojas financieras a precio del mercado actual, las pérdidas son reales. Sin embargo, en estos tiempos de crisis financiera, con permiso de los bancos centrales, para no agravar la situación, los bancos no son exigidos a marcar pérdidas a precio de mercado, solo ganancias. De esta forma, los bancos van balanceándose, más o menos, sobre la tela de una araña. El caso es que como la morosidad aumenta cada vez más, los bancos centrales exigen a la banca mayores provisiones (reservas liquidas disponibles). La cosa no termina ahí, porque ahora entramos en la confusión del mundo de los derivativos. El mercado de derivados tiene muchas encarnaciones y cada cual más complicada que la anterior. Pero aquí, sin tocar los contraseguros secundarios ni terciarios que son los que han llevado al mundo financiero a la ruina, nos concentraremos en los que en este caso afectan a los bancos, que son los seguros primarios (CDS). Cuando los bancos vislumbran que sus inversiones pudieran arrojar pérdidas considerables, los bancos aseguran parte de la inversión o entera. En vista de lo que se veía venir desde Grecia donde los inversores en deuda soberana de aquel país perderán el 50% (quizás más, quizás todo), el aseguramiento de las deudas soberanas se ha puesto por las nubes.

Los bancos aseguran los bonos hasta equis pérdidas y pagan una fianza (aval) por tal seguro cuyo precio se establece con relación al riesgo. A medida que las pérdidas siguen acumulándose las aseguradoras exigen mayor aval –los avales hay que pagarlos en efectivo y en muchos casos suponen cientos de millones si no miles de millones, dependiendo del tamaño de la inversión asegurada –esto fue lo que llevó a Dexia a la bancarrota, posiblemente también a algunas cajas españolas y a MF Global.

Cuando los bancos están amenazados por tantos frentes como: mayores provisiones, mayores pérdidas por inversiones hechas en los tiempos de las vacas gordas, mayores pagos de intereses a los depositarios para mantener liquidez, pérdidas en bonos soberanos, inmensos colaterales a las aseguradoras primarias y numerosos prestamos que muchos bancos han recibido poniendo como aval los ahora agredidos bonos soberanos depositados en sus carteras, como bien dicen el Señor Ron y el Señor Botín, es un sin sentido capitalizar a los bancos cuando en realidad estos podrían ser capitalizados indirectamente simplemente apoyando los bonos soberanos para de esta manera presionar los intereses de dichos bonos a la baja hasta el punto donde las inversiones de los bancos refloten al menos para llegar a neutralizarse y para que consecuentemente puedan recuperarse de la amenaza de los frentes anteriormente citados.

Como decía en mi último artículo, “una restructuración ordenada es una falacia.” Como muestra, ya ha acarreado consecuencias graves para Dexia, para MF Global, para la sociedad griega y su sistema político, para la mayoría de los bancos europeos y para los bonos periféricos -uno que lo sabe de primera mano es Jon Corzine, antiguo jefe ejecutivo de Goldman Sachs, ex senador de los Estados Unidos, ex gobernador del estado de New Jersey y, hasta el pasado fin de semana, presidente ejecutivo de MF Global. Es decir, el recorte acordado del 50% de la deuda griega al no permitir la precipitación de pago de los seguros que los bancos han comprado para proteger sus inversiones, significa que los que tienen este tipo de bonos y otros parecidos, al verse sin garantías de la validez de sus seguro, si tienen la capacidad de venderlos sin irse a la bancarrota los sueltan por la vía rápida. Por eso, desde el famoso acuerdo del kremlin europeo, los intereses de los bonos de la eurozona (excepto los alemanes) han subido considerablemente, particularmente los italianos. También por eso un servidor sabía que la treta no funcionaría y el mismo día del acuerdo lo hice constar por escrito.

Entonces, sin eximir a los bancos ni tampoco a los gobiernos de los errores de no haber cortado la burbuja del crédito por lo sano para así indirectamente cortar también por lo sano la burbuja de la inmobiliaria, después de los pitos y las flautas y los dares y tomares, al final ambas instituciones seguirán cojas y para que la economía pueda correr con dos extremidades, tendrán que implantarse piernas biónicas. Las piernas biónicas cuestan dinero que ya no hay. Para que haya dinero hay que imprimirlo. Las imprentas siempre traen inflación, subirán los impuestos, bajaran las pensiones, los mercados seguirán raquíticos, el poder adquisitivo mermará considerablemente, y los tipos de interés oficial seguirán artificialmente bajos para que siempre paguen los mismos –los prudentes, los ahorradores y los contribuyentes. ¿Mencioné imprentas? ¿Mencioné inflación? ¿Mencioné intereses negativos? ¿Mencioné disminución del poder adquisitivo?………. ¿Tienes Oro?

Publicado el martes 8 de Noviembre en el blog de Invertia y el miércoles (9/11/2011) y jueves (10/11/2011) en portada en Terra Noticias con el título, ¿Por qué rescatar a los Estados es rescatar a los bancos?:

http://blogs.terra.es/blogs/invertia-blog-yoinvertio/archive/2011/11/08/191-por-qu-233-rescatar-a-los-estados-es-rescatar-a-los-bancos.aspx