Reflexionando sobre la inflación

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

15 de junio 2013

¡Es una pena que por tercera vez en menos de 15 años tantísimos inversores van a perder hasta la camisa sin entender el porqué!

Una de las lecciones más importantes que las dos burbujas anteriores nos han enseñado es que, aun sabiendo que la burbuja va a reventar, nunca se sabe exactamente cuándo. Sin embargo, entendiendo que hay que ser flexible con el tiempo y comprendiendo la panorámica macro, el que quiere aprovecharse de la situación y no se duerme en los laureles puede generar plusvalías desproporcionadas con respecto a la inversión original.

Los mercados siguen su escalada inexorable porque la gran mayoría de los inversores/especuladores confunden el falseo legal de dinero por parte de los bancos centrales, con liquidez legítima. En el centro del tira y afloja se encuentra el motor global de la economía, o sea, la inflación, la estanflación o la deflación. Reflexionando acerca de la inflación como tema central y motor de desarrollo, estancamiento o retracción económica, nos podemos dar cuenta que todos los movimientos de dinero global están basados en la rentabilidad del dinero; o sea, en los intereses de los prestamos/deuda sopesados por el riesgo congénito de cada operación. Como los intereses a su vez están regidos por la inflación y el prestamista necesita un porcentaje mínimo de rentabilidad por encima de la inflación para asegurarse de que no pierde parte del poder adquisitivo del préstamo, la inflación rige los ciclos y las economías. Cuando los préstamos son abundantes las economías crecen y cuando son difíciles de obtener las economías decrecen; pudiera decirse que los intereses son el motor de las economías y la inflación el acelerador o el freno.

El problema es que cuando el índice de inflación oficial está por debajo del índice real, si el prestamista percibe/teme que se avecina un periodo deflacionario, presta a cambio de poco o nada y calla. Sin embargo, cuando el miedo a la deflación se aplaca, a la vez que la creación de nueva masa monetaria se intensifica, el prestamista comienza a desdeñar las cifras de inflación ficticias que los gobiernos se sacan de la manga y, por decirlo de alguna manera, se pone en huelga y no presta ni un céntimo más si no es con rentabilidad de un 2% por encima de la inflación real. Una vez que un préstamo grande es aceptado con intereses más altos de los oficiales, se corre la voz rápidamente y asienta precedente alcista. Como consecuencia, los gobiernos y las instituciones financieras sobre-apalancadas, así como cualquier empresa o individuo en situación similar, por fuerza, tienen que financiarse y/o refinanciarse a costes superiores a los que las arcas pueden afrontar puesto que las subidas no estaban proyectadas en la hoja de balance a futuro. Adicionalmente, la subida de intereses siembra el pánico en los mercados de bonos e inicialmente también en los mercados de valores, y las pérdidas de los sobre-apalancados convergen en las carteras desde tres afluentes: intereses, bonos y valores. Cunde el pánico, se escucha un, “sálvese quien pueda,” se intensifican las ventas, se acumulan las pérdidas y la aversión al riesgo repentina alimenta un agujero negro que crece cada vez más. Al ser esta clase de pánico un pánico inflacionario, solamente se salvan los activos que tradicionalmente han retenido el poder adquisitivo en circunstancias similares.

También como consecuencia de lo anterior, los gobiernos se ven obligados a imprimir más masa monetaria para intentar inútilmente contener los intereses disparados, refinanciar la deuda y reflotar las instituciones financieras con dinero fresco que a su vez reflote la economía. Eso es lo que los bancos centrales han hecho desde el comienzo de la presente crisis en el 2007; primero para contener la deflación, ahora para crear inflación y después para contener la inflación. Como los bancos centrales creen que la misma medicina cura todos los males mencionados en la frase anterior, seguirán administrándola hasta que los contribuyentes y prestamistas (que somos todos nosotros), siguiendo el liderazgo de algún fondo o prestamista importante, nos revelemos para poner fin de una vez por todas al despilfarro público, a la devaluación de la moneda y del nivel de vida. Excepto que a partir del primer momento de la rebelión metafórica, en vez de contener el problema se agravará más y más. Claro que siempre es posible evitar el proceso mencionado si los países endeudados que asumieron las deudas de las instituciones financieras reniegan la deuda total o parcialmente. Pero como la cura de tal apropiación indebida sería más dolorosa que la enfermedad, porque si los endeudados no pagan sus deudas a los acreedores estos últimos no pueden seguir prestando y se secaría el crédito y el progreso económico, lo más probable es que el mundo opte por la reducción de la deuda por la vía inflacionaria, la cual en realidad es una quita camuflada.

Una vez que esto ocurra en el seno de alguna economía o bloque económico importante, ni el control de capitales, ni la congelación de precios, de bienes y servicios ni nada podrá detener al tren inflacionario que se derivará de la utilización de las mismas prácticas que se están utilizando en la actualidad bajo la falsa premisa de sostener la economía hasta que se mantenga por sí sola, o sea, seguir creando nueva masa monetaria para intentar contener el problema del sobre-apalancamiento/deuda. Sin embargo, después de seis años (algunos dirían que muchos más) de inyecciones masivas de los bancos centrales, las economías no solamente no se mantienen por si solas sino que se debilitan cada vez más.

Entonces, asumiendo que mi tesis es correcta, la cual solamente sé demostrará o desmentirá en el futuro y estoy absolutamente convencido de que no estoy equivocado, la única variante es el tiempo. Como el momento exacto no lo sé, lo único que puedo hacer es posicionarme en activos que, dadas las circunstancias mencionadas y bajo mi punto de vista, me proporcionarán protección y posiblemente también considerables plusvalías. Como mi proposición a largo plazo (quizás incluso a corto/medio plazo), la tengo muy clara pero desconozco el momento exacto para posicionarme en dichos activos, en ciertos pasajes de tiempo sufro pérdidas temporales a corto plazo, por el privilegio de estar bien posicionado para cuando ocurra lo inevitable. Muchas veces las pérdidas temporales son el precio legítimo que hay que pagar por estar a la vanguardia de los inversores. Lo curioso será que cuando el pelotón tome la curva se dará cuenta que los escapados estamos muy por delante en la jornada y en el tour. Después, al final de la carrera intentarán negarnos la victoria con la excusa de que estábamos dopados. Pero nos dará igual porque tendremos la conciencia tranquila en el conocimiento de que los perdedores y los dopados eran ellos, los que tenían la mente nublada por el espejismo de las subidas sin fundamentos de los mercados de valores.

Como perspectiva a tener en cuenta con relación a la inflación y al valor de los distintos activos, los datos de abajo demuestran los estragos de la inflación:

Cuando la inflación alcanza un 10%, el bono a diez años pierde la mitad de su valor (adquisitivo) y al 20% de inflación el mismo bono pierde prácticamente todo su valor. Antes de que la inflación llegue al 10%, los intereses subirán de manera dramática y acelerada con cada punto de aumento inflacionario, lo cual aplastaría aún más la inmobiliaria puesto que los intereses del financiamiento serian casi prohibitivos. Como consecuencia de lo mismo y de otros problemas derivados que enumero a continuación, ocurriría otro tanto con los mercados de valores. Las empresas tendrían que dedicar más fondos para financiarse y/o refinanciarse y tendrían menos capital disponible para expandirse y crecer. Lo cual significa que tendrían menores márgenes y se verían forzadas a reducir tanto dividendos como plantillas, etc., etc. Las posibilidades del 5% al 10% de inflación en los próximos 5 años son más que reales. De momento, durante las últimas semanas/meses los intereses del bono a diez años en USA han subido casi el 50%. Dadas las precarias circunstancias del Japón, los intereses a 10 años, desde el crash del 10% del mercado de valores de aquel país, han experimentado subidas alarmantes.

¿Tienes Oro? ¿Tienes Minas de Oro?