QE, Reasentamiento Global, y Activos Tangibles

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

18 de noviembre 2013

QE es una abreviatura en inglés que equivale a quantitative easing, en español significa relajación cuantitativa. Relajación cuantitativa, o sea, facilitar al sistema monetario con cantidades masivas de dinero para proporcionar liquidez durante crisis financieras para que no se desmorone el sistema fraccionario de moneda fíat. Fraccionario significa que por cada deposito o activo en poder de la hoja financiera de un banco u otra institución financiera, dicho banco o institución está permitido por su correspondiente banco central a multiplicarlo por diez. Y fíat significa fiable o de fiar, o sea, que cada depositante o prestamista, confía  que la institución financiera le devolverá su dinero cuando este lo necesite o lo quiera sacar. Supuestamente, excepto durante algunas crisis financieras, una pequeña fracción de depositantes saca dinero mientras que otra fracción realiza imposiciones. Con lo cual el banco siempre tiene disponible la liquidez necesaria para satisfacer las necesidades diarias. Excepto cuando el banco o institución se mete en camisas de once varas. Para lo cual existe el mínimo de garantía al depositante que muchas naciones facilitan para calmar la ansiedad de los depositantes en el caso de que un banco se encuentre en dificultades. El problema es cuando la mayoría de los bancos o los más importantes son insolventes, lo cual crea las crisis financieras conocidas a través de la historia.

Los bancos centrales utilizan varias técnicas para inyectar facilidad cuantitativa en el sistema monetario. Una de ellas, generalmente la de primer recurso, es rebajar los intereses oficiales para que los bancos y otras entidades crediticias se vean más desahogadas a la hora de pagar intereses a los depositantes en tiempos de crisis. De manera similar, las corporaciones, individuos e instituciones de todos los colores y sabores ven los pagos de los intereses de sus deudas reducidos y pueden escurrirse del mal trago y del error que cometieron cuando se sobre-apalancaron. La reducción oficial de intereses estimula la economía porque a su vez ofrece créditos baratos que permiten, a emprendedores y empresarios prudentes, acometer nuevos proyectos que anteriormente eran prohibitivos por causa de la carestía de los intereses del préstamo. El problema es que la frase anterior en teoría suena bien pero en la práctica la realidad es distinta puesto que durante una crisis financiera la gran mayoría de los prestamistas (bancos, etc.) operan desde la insolvencia y no pueden prestar mucha liquidez porque ellos mismos la necesitan para mantenerse a flote. Muchos individuos con ahorros aprovechan también para comprar inmobiliaria y otros activos que antes resultaban caros porque los intereses eran demasiado altos y deciden utilizar los ahorros en activos que les generen mejores rendimientos que los que obtienen a través de los depósitos en periodos de intereses bajos.

La otra técnica que los bancos centrales utilizan, la de último recurso, es la de inundar el sistema financiero de liquidez, lo cual convierte a los bancos y otras instituciones financieras de insolventes a solventes. Cuando el sistema se inunda de liquidez, una vez que las instituciones financieras regresan a la solvencia, el exceso de liquidez termina filtrándose en algunos o en la mayoría de los sectores de la economía; mercados de valores que ofrecen dividendos cuyos porcentajes sobrepasan los de los intereses de los bonos o de los depósitos, inmobiliaria, bonos basura que también ofrecen intereses más altos y a su vez conllevan más riesgo, bonos corporativos, municipales, etc.

El mecanismo que los bancos centrales utilizan para implementar la inyección de liquidez es el siguiente: a través de intermediarios (brókeres-dealers) especializados, compran bonos del tesoro a las instituciones financieras para facilitarles liquidez a cambio de este tipo de activos que dichas entidades tienen en sus hojas de balance. Puesto que durante la última crisis las hojas de balance de dichas entidades estaban compuestas mayoritariamente de activos basura, La reserva federal y otros bancos centrales se vieron obligados a comprar activos basura, a precios de antes de la crisis, para recapitalizar el sistema. Cuando los bancos centrales compran activos en los mercados, de forma masiva, las leyes de la oferta y la demanda levitan el precio de los activos, lo cual tiene doble valía para los bancos, etc., puesto que reciben un precio más alto por los activos. A la hora de comprar activos, los bancos centrales no tienen restricciones legales discriminativas y pueden comprar los activos que consideren necesario para reflotar el sistema financiero. Por ejemplo, si la crisis proviene de que el sistema financiero es insolvente después de un desplome masivo de los mercados de valores porque los bancos tenían dedicados demasiados recursos a los mercados valores, o porque, al igual que en 1987 los bancos garantizaban las plusvalías de los mercados de valores, los bancos centrales podrían decidir que para recapitalizar el sistema necesitan intervenir comprando cantidades masivas de valores de todos los sectores que consideren necesarios para obtener su objetivo.

Los mecanismos para reflotar el sistema financiero son sabidos y conocidos, lo que no es sabido y conocido es que los bancos centrales engañan a la prensa y subsecuentemente a la opinión pública diciendo que las masivas inyecciones de masa monetaria se realizan para revitalizar el desempleo y la economía. Cuando la realidad es que el único objetivo es el de recapitalizar la banca para prevenir que el sistema fraccionario de moneda (fíat) se desmorone. El problema es que para conseguir tales objetivos, los bancos centrales premian la mala gestión de los sobre-apalancados bancos y otras instituciones mientras que a la vez castigan a los ahorradores, a la clase media, a todos los ciudadanos responsables – a los prudentes. Adicionalmente, puesto que suprimen los intereses lo más cerca de 0% posible, consiguen el segundo y más grave objetivo que habilita a los gobiernos a endeudarse hasta las trancas sin aparentes consecuencias negativas dado que los pagos de los intereses de la deuda pública son tan baratos que incentivan a los gobiernos a apalancarse cada vez más y a saquear los déficits presupuestarios.

Como los bancos centrales y los gobiernos piensan que pueden mantener indefinidamente las quimeras mencionadas arriba, poco a poco el agujero negro se convierte en un círculo vicioso hasta que el agujero negro toma dimensiones centrífugas irrevertibles que eventualmente destruyen todo lo que su órbita influencia y muy poco escapa de tal influencia y destrucción.

La historia está llena de imperios fracasados por causa de la misma enfermedad, la de devaluar la moneda por medio de las imprentas para salvar la solvencia de monarcas, príncipes, oligarcas, presidentes, banqueros avariciosos, desmesurados y sin escrúpulos, naciones fracasadas, pontífices corruptos y un largo etc., de innumerables e indeseables razones. El hecho de que en los tiempos modernos tengamos tecnologías que solamente hace unas décadas eran impensables y que la calidad de vida de gran parte del planeta haya mejorado de manera exponencial, no significa que la condición humana haya cambiado lo suficiente para saber o querer remediar la enfermedad de la avaricia, de la corrupción, del poder político, del poder económico y de muchos otros defectos que naturalmente radican en la propia condición humana. La cual, al igual que el intelecto no ha cambiado durante los últimos seis mil años de manera medible. Todo esto lo digo para que los que piensan que los poderes políticos y económicos tienen poder para arreglarlo todo sin ser obligados a hacerlo por una fuerza superior a ellos, por resurrección o revolución, están equivocados. El único idioma que entiende el poder es el de un poder superior.

Es más, en vez de reducir las gigantes instituciones financieras a tamaños manejables que no comprometan la economía si fracasan, han logrado todo lo contrario, si antes eran gigantes ahora son titanes capaces de destruir la economía mundial. Tal grandeza los convierte en esenciales y en súper poderosos sin escrúpulos con capacidad de doblegar a sus voluntades a gobiernos, los bancos centrales, economías y a los pueblos. Solamente existe un mercado más poderoso que los gobiernos, los bancos centrales y que los titanes –el mercado del bono a largo plazo. Cuando la capacidad y el límite de la paciencia del mercado de bonos llegue a su fin, sálvese quien pueda porque crearán las condiciones para un reasentamiento económico-social mundial que pillará a la gran mayoría de los inversores, economistas, gobernantes, bancos centrales y desafortunadamente a la gran mayoría de los ciudadanos por sorpresa. Las monedas se vendrán abajo y viviremos un gran intercambio de riqueza de unas manos a otras. La riqueza de papel desaparecerá por completo para confluir totalmente en los activos tangibles. Los activos tangibles serán los únicos que tendrán valor real hasta que el reasentamiento concluya y comencemos otro periodo en el que el dinero de papel y los activos de papel vuelvan a tener sentido y estén basados en realidades tangibles.

En cuanto al plazo de tiempo que tendrá que transcurrir para que dicho reasentamiento ocurra, es imposible saber con antelación, pudiera comenzar en unas semanas, meses o años. Lo que sí se puede observar con antelación es que tanto la crisis primero como el reasentamiento subsecuente son inevitables. Durante los últimos 40 años las grandes crisis financieras han sido cada vez más frecuentes en el tiempo y progresivamente de mayor magnitud. Las crisis financieras, cuando no se cortan de raíz, operan como seísmos, entre más tiempo pasa sin sacudir más potentes son las tensiones tectónicas que cuando ya no resisten la presión liberan grandísima cantidad de energía acumulada y de destrucción.

Con respecto a lo que a nosotros nos interesa, este 2013 parece no tener remedio para Nuestra Cartera y tendremos que esperar hasta el 2014. Sin embargo, aunque la crisis y consecuente reasentamiento que describo arriba todavía podría tardar 1, 2, 3, 4, o 5 años en materializarse, no quiere decir que el oro y sus derivados tengan que esperar hasta entonces para desvelar su verdadero valor. Como ejemplo histórico tenemos la gran caída del oro desde 1974 hasta 1976 en donde cayó casi un 50%. A partir de 1976 los metales preciosos y sus derivados comenzaron la carrera alcista que duró casi 4 años y culminó con la burbuja que explotó en 1980. Las condiciones actuales del activo dorado, los fundamentales económicos, las críticas de los analistas y de la prensa, el desprecio de los inversores y los ataques de los cortos y otros poderosos oportunistas son idénticos a los de 1976. Con la diferencia de que los problemas de la deuda de entonces y la masa monetaria creada en aquella década fueron un juego de niños comparado con la última década. Consecuentemente, pudiera ser que en su momento culminante el oro multiplicara el valor de los mínimos del año 2001 por 30, 40, o 50 veces. El múltiplo no está sacado al azar sino que es el promedio histórico de múltiplos alcanzados en otras burbujas desde los mínimos.

Lo cual no quiere decir que en lo que queda de año el oro no podría sufrir un último ataque, y de la noche a la mañana podría perder un 15% o un 20% de sopetón para tocar los $100 y pico para rematar el asesinato del oso de los últimos 26 meses y resucitar el toro alcista que culminará en una de las mayores y más vergonzosas burbujas de la historia. Sin embargo, Nuestra Cartera no se encuentra en posición de aventurarse a algo que podría ocurrir, o no. Pero sabemos que a largo plazo estamos bien posicionados.

¿Tienes Oro?