La anaconda que estrangula al ciclo se llama ambición

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

9 de marzo 2014

Cuando los mercados den la vuelta, todas las creencias de los inversores alcistas serán invertidas de arriba-abajo y de fuera-adentro. La creencia de comprar valores durante correcciones será reemplazada por, “¡quien me habrá mandado meterme en camisas de once varas!”

Después, cuando lo dicho arriba ocurra, cuando las cosas se pongan muy mal y los optimistas piensen que no podrán ponerse peor es cuando la verdadera migraña comenzará. El dolor de las perdidas es mucho más agudo y desagradable que el placer de las ganancias, por grandes que hayan sido. Si no, que nos lo pregunten a nosotros que el año pasado sufrimos pérdidas del 48% y pico en Nuestra Cartera (teniendo en cuenta que los dividendos pagados por muchas compañías de Nuestra Cartera redujeron las pérdidas un tanto).

Otra cosa que dichos inversores alcistas comprobarán es, que es infinitamente más fácil comprar en un mercado alcista que vender en un mercado bajista. En un mercado bajista/oso, muchas inversiones se convierten en trampas de recogida sin devolución, de las que se puede entrar pero nunca salir. Los mercados del oso suelen poner a prueba a los inversores una y otra vez, el inversor que no esté posicionado para la masacre se dará cuenta que la caída será viciosamente prolongada. Muy pocos saldrán ilesos, si es que se escapa alguno.

Hace seis años, muchos inversores se dieron cuenta tarde de que circunvalaban fuera de sus orbitas de conocimiento y comprensión de la profundidad de la crisis. Muchas instituciones financieras multinacionales y bancos globales fueron doblegados hasta las rodillas cuando los productos tóxicos estructurados sufrieron el inevitable colapso. Tanto instituciones financieras como inversores institucionales sufrieron pérdidas aterradoras y los que sobrevivieron juraron a sí mismos que en adelante iban a tener más cautela y menos avaricia.

Sin embargo, después de tantas noches negras en vela, de tantas encomiendas a santos especializados en milagros concretos y otros tantos juramentos a distintos dioses y purísimas, aquí estamos otra vez en la misma encrucijada sin haber aprendido ni tan solo un refrán. La euforia ordena y manda, la avaricia vuelve a reinar sobre muchos valores que han subido por encima de cualquier baremo razonable, por encima incluso de la lucidez de mentes cuerdas invadidas por avaricias que desplazan la cordura. El apalancamiento vuelve a estar de moda y está haciendo hincapié en muchos mercados y activos. La precaución es de nuevo un concepto insólito y el riesgo, ahora, se apoda prudencia.

La historia nos vuelve a recordar que las lecciones del 2008/09 fueron solamente temporales, que los ciclos de avaricia, de terror y de vaivenes de cielos a infiernos, son inevitables. Aunque es imposible saber con certitud cuándo terminará la euforia del ciclo presente, sabemos con absoluta certeza que terminará, que muy pocos estarán preparados, y que aún menos estarán posicionados adecuadamente.

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