El que Siembra Vientos Recoge Tempestades

Escrito por Sanson Pincha aquí para preguntar

4 de febrero 2011

El que Siembra Vientos Recoge Tempestades

Escrito por Sansón, interpretado por Antolín, editado por Carmen

Antes de comenzar con la acción de hoy del mercado quiero sacarme una cuña de la uña y continuar con el tema que tocamos ayer con respecto a la pregunta hecha por el señor Anton, “¿Por qué no lo voy a hacer?”, con relación a incrementar drásticamente el inventario de las camisetas de algodón virgen, cuyo precio ha estado subiendo más de cuatro veces con respecto al coste de financiación de la compra. Por esto quiero continuar la discusión de la psicología de la inflación y de la inflación propiamente dicha.

Durante los últimos 18 años, así como las impresoras de dinero fácil se han desbocado, mucho de este dinero fue absorbido por activos: primero en los mercados de valores y después en la inmobiliaria. Aunque los precios de algunos productos y servicios subieron esporádicamente las compañías luchaban para no subir sus precios y a menudo preferían reducir sus márgenes de beneficios. Esto es por causa de que la psicología de entonces era que las compañías asumían que el público no estaba dispuesto a aceptar las potenciales subidas de sus productos. Es cierto que algunos de los precios subieron pero ocurrió de una manera lo suficientemente despacio, la gente casi no se daba cuenta. Lo que pasa es que las compañías empezaron a utilizar trucos para subir los precios sin verdaderamente subirlos. Esto fue conseguido por medio de la reducción del peso neto del producto por el mismo precio. Ósea que si una lata de atún de medio kilo costaba $5 la misma lata del mismo tamaño sigue costando $5 pero el contenido es solamente de 450 gramos.

Sin embargo, ahora parece que la mentalidad está cambiando y la gente está empezando a reconocer tales suspicaces subidas, y están empezando a aceptarlas; lo cual asienta el escenario para subidas adicionales en el futuro. Como dije ayer, una vez que esto ocurre, es extremadamente difícil revertir el proceso, aunque Bernanke diga que puede controlar la inflación de los precios. Por supuesto que Bernanke, basándonos en la ronda de preguntas y respuestas de la conferencia de prensa de ayer, sigue opinando que la inflación está baja. Claro que Bernanke basa esta opinión en el IPC (Índice del Producto al Consumidor), cual todos sabemos que es totalmente falso puesto que no incluye algunos métricos muy importantes.

Desde este momento en adelante declaro el tema de la deflación totalmente zanjado. Como he mantenido durante mucho tiempo, tendremos deflación una vez que las impresoras de dinero sean retiradas de la FED a la fuerza. Sin embargo, ante la ausencia de esto, está clarísimo que la deflación no cruzará las fronteras de los EEUU – de lo que si hemos sufrido es de estanflación. Hay que recordar que la caída en los precios de valores, inmobiliaria, arte, coches, o alguna otra variación de esto no es deflación, es un Bear Market/ mercado bajista en uno o varios de los activos mencionados.

Lo Único que Necesitamos es Amor

La causa que me ha llevado a escribir este artículo es la irresponsabilidad exhibida en una de las más erróneas columnas que jamás he leído. Y ya es decir, dadas las lunáticas recomendaciones que a través de los años he leído de algunos cuasi-analistas, charlatanes en televisión, ejecutivos jefes de algunas compañías, y autoridades regulatorias durante la pasada década. Sin embargo, la columna de Lex en el Financial Times, titulada, “Aprendiendo a amar a la inflación,” se lleva la palma. En dicho artículo, el autor en esencia argumenta que la inflación es buena, lo cual considero como un equivalente a escribir una columna que diga que conducir borracho es recomendable.

El autor empieza anotando correctamente, “que alrededor del mundo la inflación ha empezado a formar parte de la vida cotidiana.” Después sigue explicando el por qué esta es beneficial: “lo más importante es que la inflación casi sin darnos cuenta desintoxica el apalancamiento de los sistemas financieros aminorando el valor de las deudas estáticas – evitando así pasar por desordenadas restructuraciones o bancarrotas (lo que se suele llamar – inflar la deuda).” Además, todavía cita otro “beneficio” más: “los salarios aumentan menos que la inflación.” Claro que sí, eso funcionaría hasta que el empleado se dé cuenta de que en realidad la inflación le está robando dinero de su nomina, puesto que esta aumenta desemparejada con respecto a la inflación.

Una cosa que el autor del artículo comprende es que la inflación afecta negativamente a ciertos sectores sociales: “El problema reside en los países emergentes, donde la subida de las materias primas ha creado un tipo de inflación indeseado.” Por supuesto que esto es una gran patraña. Ósea que con tal de que la inflación empuje los precios de los activos y que no impacte demasiado en el coste de la vida, se podría pretender que todo es de color de rosa.

En conclusión, este parece reconocer que demasiada inflación en los países industrializados pudiera llevar a problemas vía revueltas y/o revoluciones en los países en vías de desarrollo, pero sin embargo, este hecho no parece preocuparle demasiado. Quizás debiera ver las noticias un poco más, para que así se diera cuenta de lo que está pasando en el mundo.

Aunque el Financial Times es un periódico importante, el prestar su influencia y soporte a este artículo que predica que a final de cuentas la inflación desde el punto de vista global produce un beneficio neto positivo, desde mi punto de vista es una negligencia editorial, por no decir algo peor.

Siguiendo con otro tema, las cifras del desempleo de hoy viernes no fueron muy buenas pero tampoco un desastre. De todas maneras estos datos son un poco engañosos por varias razones cuales debido a mi extensión en el comentario de hoy no voy a detallar, por consiguiente no hay que prestarle demasiada importancia.  Pero para mostraros un ejemplo de lo que serian buenas cifras de crecimiento de empleo os pongo el ejemplo de Canadá, donde se crearon 69.000 nuevos puestos de trabajo, lo cual al compararlo con los EEUU – teniendo en cuenta las diferencias de población y economía – serian de medio millón, cuando en los EEUU se crearon solamente 36.000. Y donde el porcentaje oficial de desempleo es de 9%. Digo porcentaje oficial puesto que debido a la forma en la que el gobierno cuenta el desempleo, este no refleja el hecho de que la cifra real suele ser el 6 o el 7% por encima del porcentaje oficial.