Plato del Día: Fabada con Larcon y Langonsteins

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

31 de marzo 2011

Como explicaba en mi artículo de la semana pasada titulado Entre Col y Col… Una Pregunta, los votantes del mundo rechazan y no quieren saber nada de las llamadas de algunos gobiernos a apretar los cinturones mediante severas medidas de austeridad. No solamente rechazan las medidas sino también, mediante el voto, a los gobernantes que las proponen. Esto se demostró primero en Grecia, seguida por Gran Bretaña, después en Irlanda y la semana pasada en Portugal.

Desde el principio de la gran recesión, colectivamente los gobiernos han gastado trillones de dólares para des-apalancar y sacar de apuros a bancos, cajas, aseguradoras y otras instituciones financieras. Adicionalmente, los bancos centrales también salieron al rescate imprimiendo cantidades de dinero sin precedencia y manteniendo los tipos prácticamente a cero para que los bancos e instituciones financieras puedan coger prestado prácticamente al 0% y prestar alrededor del 5%. De esta manera, dichas instituciones podrán recapitalizarse y a su vez incentivar la inversión que incentivaría la creación de empleo y que en conjunto incrementaría la actividad económica y la economía. El problema es que las personas o empresas que tienen suficiente capacidad para pagar los préstamos no están pidiendo prestado. Sin embargo, aquellos que más necesitan los prestamos no los consiguen por falta de fiabilidad para pagarlos.

El párrafo anterior explica las razones por las que los ciudadanos rehúsan a soportar el dolor económico que los gobiernos permutan. Puesto que si los de arriba se lo guisaron y ellos mismos se lo comieron, el pueblo considera que los que debieran ayunar son los empachados en vez de los que apenas desayunan. Después de la degradación de la semana pasada de los bonos soberanos portugueses, y treinta bancos y cajas españolas, ni los mercados ni el euro se dieron por aludidos y con cierto desaire escalaban la senda verde Ilustrando lo que leí en alguna parte: los mercados no se caen ni aunque los empujen. Los ciudadanos, los bancos, las cajas, las aseguradoras, las bolsas y los mercados, los gobiernos y hasta los paparazis saben que los mercados serán rescatados. Como tal, ¿para que sufrir?, ¿para que preocuparse?, ¿para que bajar? y ¿para que jugarse el poder? — a seguir la bola y el que venga detrás que arree. La irresponsabilidad colectiva del mundo en que vivimos es comparable a la del cobarde avestruz cuando se encuentra en graves apuros.  Si la solución para salir de los problemas de sobre-deuda fuera tan sencilla como imprimir dinero, Argentina y Zimbabue serian las mayores potencias económicas del planeta, y Alemania hubiera ganado ambas guerras mundiales.

Dejando a un lado los argumentos depresivos de la pesadilla de arriba, mi amigo y gurú favorito, el legendario inversor y operador del fondo hedge Fleckenstein Capital, Sansón (Bill Fleckenstein) fue invitado la semana pasada a una presentación que dio en Seattle el altisonante Marc Faber. Esta fue patrocinada por Bill Gates exclusivamente para algunos de los jefes del equipo que gestionan sus inversiones personales y las de su fundación llamada The Bill and Melinda Gates Foundation. El Jefe del equipo es Michael Larson, quien fue, junto con Bill Fleckenstein, durante once años consejero de la gran compañía Canadiense Pan American Silver que aparte de negociarse en Toronto, también se negocia en Nueva York con el símbolo PAAS, y es  operadora de minas de plata en varias geografías del planeta. Pan American Silver es la segunda compañía productora de plata del mundo; Bill Fleckenstein aún es consejero.

Es sabido que el doctor en económicas suizo, Marc Faber, está a la cabeza de los gurús más seguidos, escuchados, imitados y reconocidos del mundo, y es uno de los gurús que seguimos en Mercados y Burbujas. Después de la presentación, Faber, Larson y Fleckenstein cenaron juntos. A continuación intentaré ilustrar punto por punto y según me lo contó Fleckenstein, los pasajes más relevantes de la conversación de sobremesa de estos tres visionarios, teniendo preferencia, como invitado de honor, el entendimiento de Faber:

Si mis lectores opinaran que hago uso excesivo de la terminología que refiere a imprimir dinero, Faber en tan solo unas horas utilizó diferentes términos que implican lo mismo, al menos treinta veces. Bajo su punto de vista, las imprentas distorsionan los “precios” de tal manera que crea inmensos y perniciosos desplazamientos de capital. Como consecuencia, opina que la volatilidad que se está produciendo en la mayoría de los destinos del capital continuará.

Al igual que sus dos colegas, está seguro que la respuesta a todos los prospectivos problemas en el mundo y particularmente en los Estados Unidos será más imprenta, y como consecuencia continúa manteniendo su opinión alcista en oro/plata/platino/paladio. También dijo que el riesgo no está en tener oro sino en NO tenerlo. Aparte es alcista en crudo y en valores de compañías relacionadas con productos del petróleo, añadiendo que si alguien es partidario de que las economías del mundo repuntarán y crecerán, invertir en petroleras es definitivamente ineludible. A este último pasaje quiero añadir que Faber se refiere a que las economías pueden seguir progresando hasta que forzosamente a los bancos centrales se les retiren las imprentas y que como consecuencia de tal frenazo se producirá la madre de todas las crisis, recesiones y depresiones. La distancia en el tiempo de este pronóstico es impredecible.

Su predicción es que la cantidad de dinero imprimido y por imprimir será tal que en general los mercados de valores se comportarán relativamente bien, como lo hicieron a través de la historia en otros países donde las imprentas se desbocaron. Su ejemplo favorito fue el de Méjico desde principios de los setentas hasta últimos de los ochentas cuando el peso mejicano por causa de las imprentas se derritió más que los relojes de Dalí. Destacando que aquel mercado de valores, en general, mantuvo el valor adquisitivo. En el caso de no poder hacer crecer el capital, mantener el poder adquisitivo del mismo es imperativo. Habiendo dicho eso, también dijo que a corto plazo los mercados están maduros para sufrir una corrección de un tamaño decente (alrededor de o mayor del 10%). Sin embargo, Fleckenstein opina que para beneficiarse de vender corto habrá que esperar hasta la segunda mitad del año.

En cuanto a Japón, Faber considera que después del triple cataclismo, algunas de las multinacionales de aquel país muestran condiciones atractivas para invertir en ellas puesto que los japoneses imprimirán hasta desgastar las prensas para reconstruir el país. Larson comparte la misma opinión y ya ha comenzado a invertir. Adicionalmente, Faber dice que los bonos del tesoro particularmente en Estados Unidos y Europa serán una inversión desastrosa y que el Banco Central Europeo imprimirá el dinero necesario antes que arriesgar el colapso del euro. Obviamente tenía razón al juzgar (después) por la fiesta que tuvieron los mercados, como os explico arriba, después de la degradación de Portugal seguida de similar rebaja de los bancos y cajas españolas. Por otra parte, si alguien tiene incentivo personal para que al euro no fracase es Trichet puesto que perdería el trabajo, el poder y la reputación. De cara al futuro, Faber prevé que en los próximos años veremos impagos y restructuraciones soberanas, y que los bancos centrales se han convertido en rehenes de los activos inflados y como tal les será imposible acometer políticas económicas racionales y consecuentemente no subirán ni serán capaces de subir los tipos por encima de subidas simbólicas e inconsecuentes.

En cuanto a la presentación, Faber cerró con la  siguiente cita del prominente economista Ludwig von Mises: “No existe manera posible para evitar un colapso financiero derivado de un boom de expansión de crédito. La alternativa es simplemente si la crisis llega antes como resultado de un abandono voluntario de seguir expandiendo el crédito, o más tarde causada por el colapso final y total de la moneda o monedas involucradas.

Para terminar este largo artículo y para corroborar la premisa de Faber acerca de la esencialidad  de salvaguardar el poder adquisitivo del capital, os dejo con la siguiente atribución: en la década de los veintes y la de los treintas del pasado siglo un kilo de oro compraba un automóvil (no de lujo pero bastante bueno) y en la primera década del presente siglo y lo que va de la segunda un kilo de oro compra un automóvil (no de lujo pero bastante bueno). El oro es incomprendido como moneda y como depósito de valor, pero esta incomprensión no se mantendrá permanentemente. ¿Tienes oro?

Por último, no se os olvide sacar el menaje plateado o dorado para disfrutar del exquisito plato que contiene el titular.