El Son de la Calavera

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

7 de abril 2011

A continuación intentaré epitomar de forma alegórica los más importantes orígenes que nos trajeron donde nos encontramos. Procuraré economizar eventos que en demasía dilaten el artículo.

Cuando los jefes de los gobiernos y sus ministros correspondientes – así como los jefes de las agencias reguladoras del crédito y los brókeres internacionales – sentados en sus cómodas butacas de cuero italiano, con rostros placenteros sostenían el cogote con una mano y el cubano con la otra y se congratulaban por su buena labor e intercambiaban monsergas irrelevantes acerca de fulanito de tal y menganita de cual.

Cuando, los presidentes de algunos bancos conservadores eran bombardeados de críticas por parte de sus accionistas que se quejaban de que las acciones del banco H o de la caja B habían doblado su valor debido a que obtenían mejores beneficios – quizás porque los ejecutivos de aquellas entidades no se habían dormido en los laureles.

Cuando la presión era tan grande que hasta los más estoicos  dieron el brazo a torcer para dejarse arrastrar hacia el agujero negro de la avaricia.

Cuando los bancos centrales creyendo haber encontrado la piedra filosofal hacían la vista gorda y permitían a los bancos comprar duros a tres pesetas. Permitiéndoles también con el engañoso duro prestar diez, quince y hasta veinte duros.

Cuando los bancos prestaban a diestra y siniestra y el único requisito necesario para poder acceder a un préstamo era que el que iba a ser hipotecado respirara sin ayuda del pulmón de acero.

Cuando los bancos de forma rutinaria barrían el dinero diariamente de puertas adentro por montones.

Cuando las comisiones de valores con las manos en los bolsillos y la cabeza levantada mirando hacia el otro lado del techo, medio silabando, se hacían los tontos sin decir ni pio para no sembrar vientos en un mar manso de buena pesca, y se apartaban de investigar a los pirámide-estafadores.

Cuando la voluntad de muchos ciudadanos era de vivir por encima de sus posibilidades y de otros muchos especular y un día comprar el piso en la ciudad o el chalet en la cala o la sierra a cien para venderlo al día siguiente a ciento veinticinco.

Cuando no podía faltar ni gloria bendita, ni serrano de bellota por aquí, ni viuda de Clicquot por allá, y un fin de semana en la patria era de pringados puesto que había que salir a París, Londres, el Caribe, Nueva York o Praga.

Cuando todo eso ocurrió, de repente terminó el baile del son de la calavera y la orquesta colgó los instrumentos y los antifaces desvelaron las carantoñas, muchos se dieron cuenta que les había tocado bailar con la más fea. Sin embargo, algunos, muy pocos, no solo disfrutaron del merengue inmensamente sino que detrás del antifaz de su pareja, apareció una bonita chavala de finísima piel dorada y cabellos mas rubios que el oro del templo de salomón.

Esos “algunos” afortunados del párrafo anterior, no es que tuvieran suerte ni que hicieran trampa, sino que antes de elegir pareja, se fijaron muy bien en los detalles de las vestimentas, los adornos, la postura, la forma de caminar, los labios, los pies, las manos, las uñas etc. y tuvieron la astucia de estudiar hasta el color de algún perdido cabello aterrizado sobre una manga o algún otro lugar de los atuendos. Esos algunos son a los que hay que seguir, rondar, escuchar e imitar puesto que son los que han sabido y siguen sabiendo.

Según los que acabo de describir como entendidos, al parecer hay otro baile que dicen que ya ha comenzado. También me han dejado saber que si en el anterior te tocó bailar con la más fea, en el presente baile todavía hay muchas bellas disponibles que quizás hayas aprendido a examinar y elegir. ¿Tienes bonita chavala? Digo…. ¿Tienes oro?,¿Plata?

Una de estas semanas, os relataré la forma de reconocer el momento donde la bonita chavala se pasa de bonita hasta el punto que asquea y deja de gustar. Pero quiero hacer hincapié en que la belleza a veces tarda en empalagar o en desaparecer.