La Piedra Filosofal (La Premisa)

Escrito por Antolín Pincha aquí para preguntar

30 de junio 2011

Los ignorantes que niegan que exista la piedra filosofal deberían acercarse a los ojos de los demás y mirar con atención. De esa manera les constaría que la escurridiza piedra existe reflejada en los ojos de la imaginación de incontable humanidad:

El policía la busca en el ladrón y el ladrón en el botín, el pirómano en el fuego y el bombero también, el científico en el descubrimiento y el músico en los garabatos, el actor en la fama y la fama en el paparazzi, el alpinista en la cima y el beato en el cielo, la bella en el espejo y la fea en la cirugía, la luna en el mar y la marea en la luna, y el sol y la lluvia en el arcoíris.

Los inversores tratamos de buscar la efímera piedra a través de la especulación bien concebida y estudiada con esfuerzo y disciplina y con la satisfacción que el trabajo colaborado contrae, y cuyos resultados son generosamente compartidos con muchos con la esperanza del beneficio común.

Después de este espontaneo rendibú (rendez-vous) por las periferias de la cordura y las fronteras de la alucinación, paso a dar cuenta de lo que a esta semana le toca señalar.

En el siglo XV la piedra filosofal era buscada por los cartógrafos y exploradores marinos de la época durante el descubrimiento de nuevas y menos torcidas rutas de la seda y de las especias, para a través de las cuales llegar a las indias más rápidamente y encontrar lucrativas travesías y mercados donde encontrar riqueza y fama. Buscando una cosa y tropezándose con otra se dio lugar a la primera y más lucrativa fiebre del oro a gran escala jamás vista. Fue tan gigantesca la fiebre y también el remedio, que después de haber pasado por hambrunas, pestilencias y calamidades, las consecuencias elevaron al continente europeo de la miseria en que sucumbía. Pasando a dar lugar y bolsa suficiente para financiar el impulso del renacimiento en el viejo continente y que más tarde seria exportado al nuevo continente para que entre ambos dieran principio a una gran explosión de nuevos descubrimientos, innovaciones, ciencias, artes y tecnologías de índole jamás antes imaginadas. A mediados del siglo XIX la fiebre del dorado fue resucitada en la zona este de los Estados Unidos pero la calentura terminó pronto por falta de filones duraderos. Sin embargo, a finales del mismo siglo, la gran fiebre del siglo XV fue reencarnada y manifestada desde prácticamente la antártica, pasando por tierra de fuego (Argentina y Chile), sin olvidarnos de Suráfrica, hasta Ártica, pasando por Nevada, California, Canadá y Alaska.

Durante las fiebres aludidas, mucha humanidad incitada por el deslumbrante resplandor de las historias de tesoros relatadas en muchos libros de la antigüedad – así como en muchos periódicos de la época que narraban los avatares de algunos aventureros afortunados que podían contarse con los dedos de las manos, abandonando la comodidad del hogar, la familia, los amigos y en sí todo lo vivido – arañaban dineros prestados por familias, amigos y conocidos bajo promesas de devoluciones exponenciales para comprar lo requerido para una larga y peligrosa travesía llena de privaciones, calamidades y esperanzas. Los ilusionados prestamistas obtenían el dinero para los prestamos de donde podían: vendían propiedades, confiscaban sus ahorros y en muchos casos pedían prestado a otros prestamistas a cambio del ofrecimiento de menores exponentes de los que recibirían cuando el familiar o el amigo regresara con la fortuna que le esperaba como aguas de mayo en el corazón de la fiebre de moda.

Antes de llegar los deslumbrados a donde les esperaban las riquezas de sus destinos, después de haber pasado mil peripecias y más hambre que perros de hortelano, finalmente llegaban a la última ciudad del camino donde el reposte era obligatorio antes de trasladarse cargados hasta los dientes de lo necesario para sobrevivir tanto el viaje como la estancia en el corazón airado de la intemperie. Tenían que pasar con sus cargas increíbles por atajos que la naturaleza caprichosamente había mal trazado, ríos violentos que retorcidamente interminables había que cruzar más de una vez para no arriesgarse a demorar el reclamo de la fortuna porque quizás otros se adelantarían, montañas que nunca llegaban, precipitaciones interminables, territorios de indios decepcionados, lobos carniceros y osos cegatos y asustadizos que de un zarpazo te abren las entrañas y después te consumen sin desperdicio para después dormir una placentera siesta de seis meses, y glaciales con la transparencia de fantasmas que entumecían hasta el alma. A partir de ahí, tenían que haber comprado y cargado lo suficiente para sobrevivir hasta seis meses, lo cual les daría suficiente tiempo para encontrar el oro necesario para poder suministrarse de nuevo.

Como decía, en las ciudades de reposte era donde vivían los verdaderos beneficiarios de las fiebres del oro. Estos eran los comerciantes que les vendían las palas, los picos, las mantas, los víveres, las barajas, la carne seca, las galletas de harina, las mulas, la madera, los aparejos y demás suministros y materiales necesarios para poder arrancarle a la tierra los tesoros que fácil niega y raramente entrega. El negocio era tan prospero que muchas ciudades de importancia actual nacieron y prosperaron desde las entonces pequeñas aldeas para después convertirse en grandes metrópolis. Dos de esas ciudades que ahora me llegan a la mente son San Francisco y Seattle. Aún existen empresas grandes que tuvieron sus comienzos y financiación necesaria en aquella época y fiebre y que después se ramificaron por el resto del país.

Como son las cinco de la mañana y ya amanece, por esta semana os dejo. La semana que viene os contaré la segunda esquela de esta valija llamada La Piedra Filosofal. He decidido convertirla en una miniserie que constará de dos o tres intermisiones. Después de pasar por los preludios necesarios que permitirán comprender el significado del desenlace, desvelaré lo que considero una temprana oportunidad que, dada la calidad de los constituyentes, puede considerarse única. Aunque coyunturas de esta magnitud han sido posibles tanto en la historia de la inversión antigua como moderna, es cierto que en los tiempos en que vivimos pudiera considerarse descomunal. Se ubica en un país lejano y prácticamente desconocido que por circunstancias históricas, geográficas e ideológicas ha estado olvidado tanto de la mano de Dios como del hombre. Sin embargo, se está descubriendo que, en aquel país, lo único necesario es darle una patada al suelo para descubrir algo valioso. Como avance, es uno de los países más grandes y menos poblados de la tierra, también es uno de los países más pobre-ricos del mundo pero de menos analfabetismo. El producto nacional bruto es de aproximadamente 6000 millones de dólares y la renta per cápita de aproximadamente 3000 dólares. Para terminar, esta inversión no está relacionada con los metales preciosos. Como una de las más importantes virtudes del buen inversor es la paciencia, dada la importancia que otorgo a esta oportunidad, el que quiera llegar a la conclusión, tendrá que sudar el viacrucis de este culebrón.